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La tragicomedia

  • Foto del escritor: Luis Rodríguez
    Luis Rodríguez
  • 31 mar 2023
  • 3 Min. de lectura
El regreso de Leo Messi al Barça pende de un hilo en una historia con numerosos condicionantes

Getty Images

Un final feliz es el desenlace argumental de una obra, satisfactorio y provechoso para sus protagonistas, sus coprotagonistas y el resto de personajes, excepto para los antagonistas o villanos. Como la historia del príncipe que rescata a la princesa de las feroces manos de la tiranía y el poder o la historia del niño que regresa a casa tras una larga travesía por el desierto, hoy Lionel Messi podría poner broche de oro a su larga historia con el FC Barcelona.


Una tragicomedia que enamoró al mundo del fútbol, y que vio su fin en 2021 tras años y años de romance. Las cosas se torcieron en los últimos años tanto a nivel de relación entre ambas partes como a nivel interno: una debacle económica condujo al episodio más fatídico del barcelonismo en los últimos años, la ruina y la marcha del hijo pródigo.


La ruptura era inminente y ambos separaban sus caminos por primera vez en la historia. Lo que la necesidad y el amor juntó, lo separaban las cenizas y las ruinas provocadas por una gestión que quemaba cada vez más al astro argentino y al aficionado culé. Vendrían después debacles que pocas veces se han vislumbrado en Can Barça: el equipo cayó a UEFA Europa League y una crisis institucional y a nivel de plantilla hacia mella en el conjunto blaugrana, inmerso en penas y calvarios.


Después de la tormenta siempre viene la calma. Así parece estar siendo hoy en el FC Barcelona, con una cómoda posición en las nobles esferas de la tabla del campeonato liguero, que tienen casi al alcance y a dos partidos de hacerse con el campeonato nacional de Copa, pero con la asignatura de competir en Europa pendiente. Con una cabeza pensante, la de Xavi Hernández, que ha devuelto la ilusión al barcelonismo, pero con un trocito del escudo todavía sin recomponer.


Ese trocito es, precisamente, la presencia del argentino en el FC Barcelona. Como cuando a una madre se le van los hijos de casa cuando tienen que marchar a buscar horizontes nuevos, falta algo. La casa se siente vacía, y los muebles reflejan viejos recuerdos que rondan en la cabeza de todos y cada uno, pero falta el niño. Así pues, los asientos y la estructura del Camp Nou sigue todavía en pie, pero resuenan cada vez más los ecos de lo que ha sido, es y será el mayor talento que el fútbol habrá dado jamás.


El Barça encara ahora un puzzle de infinidad de piezas con unos dificilísimos condicionantes en el camino. La importante rebaja salarial y el requerimiento de cumplir las normas del ‘fair play’ condenan a un club que hoy ha dejado un rayo esperanzador en cuerpo y voz de Rafael Yuste: “Tenemos contactos con Messi. Me encantaría que volviera. Tengo una espina clavada. Las historias bonitas en la vida deben acabar bien”, manifestaba en una rueda de prensa el vicepresidente deportivo del FC Barcelona.


Lo bonito de esta historia es que, como pasa en los libros, uno se va dando cuenta de lo que pasa a medida que el tiempo corre y el taco de folios que la mano izquierda sostiene se va haciendo más abultado. Hoy el aficionado culé tiene entre sus manos una obra que se escribe poco a poco, en el que el tirano del petróleo y los dólares parece estar cada vez más lejos y en el que el protagonista cada vez encuentra con más facilidad el camino a casa. Pero con el miedo de volver a encontrar el callejón sin salida que años atrás hizo que sus caminos se vuelvan a separar. El fin de la tragicomedia, sea benévolo o maléfico, pronto será desvelado.

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