Marruecos ahoga el joven y sucinto fuego de la Selección Española
- Luis Rodríguez

- 7 dic 2022
- 6 Min. de lectura
La selección de Luis Enrique dice adiós a un mundial en el que su juego se ha apagado lentamente

España se pega el batacazo frente a Marruecos. El combinado de Luis Enrique vio el ocaso de su aventura catarí en las botas de un Hakimi que batía cruelmente a Unai Simón en la correspondiente tanda de penaltis con un certero golpe a la quijada de los españoles en forma de Panenka. La lotería de los once metros los deja fuera de combate y esfuma la ilusión de un pueblo de bordar en hilo de oro una segunda estrella en el escudo de la casaca española. Las sensaciones fueron de más a menos en torno a una selección constantemente atacada desde su propio país y que en el terreno de juego vio como sus facultades desaparecían bajo la despampanante y abultada sombra que los siete goles a Costa Rica generó en torno a la misma. Sin embargo, el trasfondo del seleccionado español es abismal y son numerosas las razones de la tan acusada bajada de nivel en el rendimiento en el terreno de juego.
Pedri y Gavi, las velas de un barco al que le tocaba achicar aguas en su ausencia

España ha relevado dos líderes naturales en su centro del campo como lo son Pablo Páez Gavira 'Gavi' y Pedri González. Dos futbolistas espectaculares, nombrados Golden Boy (en 2021 en caso el caso del canario, y en 2022 en el de Los Palacios) y con una madurez dentro del terreno de juego sin igual. Diferentes pero parecidos. Polos opuestos pero medias naranjas en el campo. El juego de la selección española recae sobre sus botas y así lo hemos podido ver en la travesía de cuatro partidos que los de Luis Enrique Martínez han llevado a cabo en Catar. El problema llega cuando la fatiga y la acumulación de minutos, que unidos al poco descanso que este mundial ha propiciado a los jugadores, acechan en el físico de ambos. España sufría sin ellos, y ellos sufrían sin ese cien por cien que exige un mundial.
Pedri tuvo un arranque excepcional, estando en todos lados y siendo un jugón como siempre lo ha sido. Este chico es simplemente espectacular: pases entre líneas, rotura de las mismas, recuperaciones, gran labor defensiva... Pero no se puede estar, naturalmente, en todo. El fuelle se acababa y así lo hacía notar en los últimos minutos del partido. España no tiene un cambio fiable para ambos jugadores y lo ha pagado caro. Ni Koke, ni Olmo recolocado al interior ni ningún jugador de esta selección parece dar síntomas de ser un buen parche para estas tan grandes ausencias.
Ferrán Torres y un mundial para el olvido

Ferrán Torres llegaba a suelo catarí con más dudas que certezas en torno al rendimiento desplegado para su club, el FC Barcelona. Muchos aficionados no entendían su convocatoria y bajo su criterio se debía convocar a un extremo con más desparpajo que el valenciano. La realidad es que Ferrán es un jugador que encaja bien en el esquema y estilo que tanto Xavi como Luis Enrique quieren proponer, debido a su gran trabajo sin balón para dejar libres de marca a sus compañeros de equipo. Pero a la hora de la verdad, cuando le ha tocado sacar la faceta más importante de un futbolista que es desplegar su juego con el cuero en la bota, ha sido todo un drama.
Frente a Marruecos no tuvo disparos a puerta, ni acertó centros, ni dio pases clave y tampoco recuperó balones para España. Perdió el esférico un total de 17 veces y tan sólo gano dos de los nueve duelos que tuvo que enfrentar en el partido. Son datos demoledores ante una selección la marroquí que era un puro cañón a la hora del contraataque. Su partido fue realmente soporífero, y condicionó en gran parte el ataque español, cosa que pudimos ver con el ingreso de Nico Williams y su desparpajo al terreno de juego.
La falta de experiencia y de compostura en un torneo como éste condenó a un Ferrán que ha ido de más a menos en este mundial y que se va con muchas más dudas a su alrededor tras unas malas actuaciones vestido de corto con España.
El drama del lateral derecho, la pata coja de la selección

El experimento del lateral derecho ha pasado factura en la selección española. Un gran Azpilicueta en la fase de grupos del torneo fue relegado al banquillo para dar minutos a un Dani Carvajal que parece no haber entendido la misión que tenía, y que tampoco dio indicios de estar al cien por cien. Impreciso frente a Alemania y Japón, dio paso a un Marcos Llorente que ayer, pese a desplegar un futbol peleón y físico con Boufal y compañía, no supo corresponder con eficacia.
Los duelos en banda con el extremo marroquí fueron el talón de Aquiles de un Llorente que comenzó el partido impreciso en la salida de balón, pero que se fue entonando con el paso del tiempo. Aún así, se notó la falta de los minutos en el jugador del Atlético de Madrid y terminó pasando factura. Fue lógico que lo alinease Luis Enrique para paliar las puñaladas tan veloces de los marroquíes, pero dejó mucho que desear.
Un atasco que cuesta disgustos

El estilo no se negocia, y así lo ha recalcado Luis Enrique por activa y por pasiva. La historia habla por sí sola, y es que ese estilo le ha llevado a ser uno de los pocos entrenadores con un triplete en la historia del fútbol mundial, y a ser considerado entre los mejores técnicos del momento. Lo que a España la hace implacable, también la termina por matar: el estilo no se negoció y se cayó con él. Los últimos tres partidos de la selección han puesto en tela de juicio varios aspectos tácticos de la pizarra de Luis Enrique, pero fue contra Japón donde más agudo vimos este problema.
Tras el tropiezo con el combinado nipón se plantó España en octavos ante una Marruecos que tomó nota de lo que aconteció en el partido anterior, y que desplegó exactamente el mismo dibujo que los cabezas de grupo. Una vez más la posesión no dio sus frutos, pues los interiores se encontraban bien fijados y las bandas tenían a cuatro marroquíes por cada pareja lateral-extremo. Fueron una pesadilla. El partido comenzó a jugarse de lateral a lateral, con pocas intervenciones de los interiores, que pronto volvían hacia atrás. Pocos destellos pudimos ver en una delantera que pedía a gritos un delantero centro que luchase con los dos centrales norteafricanos.
El modo de juego de la selección española debe ser el de siempre, con él se ha ido a muerte y con él se han logrado proezas de la talla de lo conseguido entre el 2008 y el 2012. Pero hay que saber solventar los atascos, y ayer la selección española cavó su propia zanja aportando pocas soluciones, a tiempo, para el sólido, férreo y explosivo combinado marroquí, quienes esperan ya en cuartos de final a la Portugal de Fernando Santos.
Y ahora, ¿qué?

La pena inunda hoy a un país en el que los detractores han destacado más que aquellos que, con honor y coraje, han estado siempre caminando a la par de este combinado. Una decepción más llega y el verdugo sigue siendo una selección de menor nivel, como pasó en Rusia 2018 con la anfitriona, y de nuevo en penaltis. La continuidad de Luis Enrique sigue en el aire y las dudas revolotean hoy, en la vorágine de una fatídica eliminación, el cielo de la Ciudad Deportiva de Las Rozas. Hay mucho que pensar y mucho que hacer en las oficinas de una Federación que confía ciegamente en el entrenador y en su staff técnico.
El aficionado español debe ser honesto y expresar el sentimiento de desilusión que la caída ante los marroquíes genera. En la Eurocopa del pasado año creíamos que se avecinaban nuevos tiempos, pero no ha sido del todo así. Toca lidiar con el sabor de la derrota y esperar dos años más a una nueva oportunidad. Esta vez, en una nueva edición de un europeo que se jugará en Alemania y en el que dispondremos de un plantel de un calibre magnífico.
Hay brotes de una generación de oro, y sería un error abandonar esta dinámica tras la debacle. Los Pedri, Gavi, Nico Williams y compañía merecen un timón del barco sólido, una idea de juego clara y experiencia, más experiencia. España hoy aniquila en la prensa a un entrenador que ha logrado de nuevo colocar una cara reconocible a un combinado que divagaba por las competiciones con la alargada sombra de lo que fue y que hace que de nuevo sea una selección respetada. El camino es la autocrítica y Luis Enrique ahora debe lidiar una dura batalla interna para pulir esta idea y esta proposición y llevarla, con una última oportunidad y con las armas de las que dispone, a su máximo exponente.




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