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Los guantes, para cuando llegue el frío

  • joseluisabatel
  • 18 oct 2022
  • 3 Min. de lectura
Los porteros, Courtois mediante, siguen padeciendo una eterna infravaloración

Todos hemos tenido -o al menos visto a alguien que la tenga- la duda en cuanto a hacer referencia a un portero con respecto a sus compañeros. Suena raro cuando se les llama jugadores, pues visten distinto y no están bien de la cabeza. Entre esas cuestiones llega el término jugadores de campo, la manera de separarlos del resto del grupo, de apartarlos como si defender la portería perteneciese a otro deporte completamente distinto.


Esta duda, en una charla distendida y coloquial, puede pasar por alto. Al fin y al cabo, el escalafón de la valoración popular suele estar presidido por los ya ni siquiera delanteros, si no goleadores. Después, los mejores playmakers tienen cabida. Pero los técnicos, los que portan el 10 a la espalda y las medias al nivel del talón de Aquiles. Para apreciar a los centrocampistas puros, pivotes o centrales ya hace falta ver más allá de quién ha marcado el gol en un partido de uno a cero. Si los extremos y laterales no son rápidos y tienen desborde son malos, a nadie les importa, deben ser estéticos y nutrir a los mencionados artilleros. Y una vez se ha valorado a cada uno de los que ocupan los dorsales entre el 2 y el 11, llega el 1. Porque el fútbol es el deporte en el que el número 1 va el último.


Si el lanzador de un penalti anota uno, lo ha marcado él. Si el guardameta lo detiene, ya puede intuir la dirección y la trayectoria y salvarla de la manera más épica posible que el resultado es el que sabemos, es el lanzador el que ha fallado el penalti. Y eso los porteros lo saben, pues es uno de los factores que el arquero asume cuando se aleja del resto de compañeros y toca el larguero -solo los más supersticiosos- antes de que el colegiado señale el comienzo del choque. Pero hay detalles que molestan.


Si eres el mejor de tu empresa durante todo un año, esperas que al final del mismo seas nombrado empleado del año. Creo que, de momento, es de cajón. Pues bien, el año de Thibaut Courtois ha sido salvaje. No se recuerda una temporada tan decisiva por parte de un portero, ni siquiera de las leyendas como Casillas, Buffon y Neuer o de los contemporáneos Ter Stegen, Alisson y Oblak entre otros. Es brutal. El Real Madrid se corona como campeón de LaLiga Santander con el guardarredes belga como el mejor jugador del campeonato, tampoco reflejado con galardones. Y hasta ahí la competición doméstica, la cual no suele brindar premios individuales de renombre. El problema arriba cuando es el mismo Courtois el que escolta al club blanco a la consecución de la Champions League, viajando a través de eliminatorias imposibles que no se entienden sin él, pues los blancos sufrieron ataques de los mejores jugadores del mundo en cada ronda , siendo detenidos en todas y cada una de ellas por el internacional por Bélgica.


Es una lástima que, aunque dé cinco Champions consecutivas siendo el mejor, los guantes no interesan. Porque gato con guantes no caza ratones, dicen, y no con ello quiero desprestigiar el bestial curso de otro felino, Karim Benzema, que sin duda merece ser uno de los dos aspirantes al Balón de Oro. Pero él lo ha ganado. Thibaut Courtois ha quedado séptimo. Según France Football, Sadio Mané, Kevin De Bruyne, Robert Lewandowski, Mohamed Salah, Kylian Mbappé y el propio Benzema fueron mejores que 'Tibu'. Pero no es que lo fueran, si no que cuando el lujo aflora y los focos apuntan, se crea un microclima de calor, y con calor, nadie quiere guantes. Los guantes para cuando llegue el frío, para cuando todo el equipo haya sido librado por el oponente y se dependa del portero. Cuando el invierno apriete entonces, y sólo entonces, nos acordaremos de los guantes. Aunque quizá los guantes, entonces, deban hacernos una peineta.

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